Rancho Kiaora, Agus y Pedro; un poco de nuestra historia.

Actualizado: 18 de feb de 2019

Nos conocimos bailando hacia fines del 2013. Amigos al instante, podíamos pasar horas juntos charlando o en silencio. Siempre nos unió la comida, disfrutábamos mucho el juntarnos a cocinar algo y tomar unas cervezas artesanales después del trabajo.


Sin embargo, ambos inmersos en su propia rutina bonaerense y con poco espacio para una pareja. Yo (Agus), productora audiovisual, trabajaba en una productora de VFX y Pedro, ingeniero industrial, en una exportadora de lana. Ninguno de los dos era realmente feliz con lo que hacía y eso se reflejaba en todos los ámbitos de nuestras vidas.

En el 2015, a Pedro lo trasladaron por trabajo a Australia. Más lejos imposible no?! 🐨

Pasaron unos meses y seguíamos hablando, la distancia física de alguna forma nos había acercado aún más. Finalmente nos animamos a tomar la decisión de que yo viajara para allá; implicaba dejar todo y encontrarnos 7 meses después, siendo amigos que se gustaban y que se extrañaban pero no entendiendo mucho más que eso. Sin embargo, ya descubríamos otra cualidad en común, ambos somos bastante lanzados y preferíamos atravesar todas esas incomodidades frente a quedarnos con la duda..

Después de muchas horas de viaje llegué… teníamos una vergüenza increíble, volvíamos en el tren a las 11 pm a dormir en lo que de ahí en adelante pasaría a ser la casa de los dos pero aún no lo sabíamos! La convivencia empezó desde el día 1 que llegué y solo lograba conquistarnos cada día más.


Seis meses después nos casamos en el jardín de nuestra casa en Melbourne, Australia; lugar que nos transformó por completo y nos alentó a salir en búsqueda de un proyecto conjunto que nos conectara y nos permitiera seguir profundizando nuestros conocimientos sobre la naturaleza, la alimentación y personalmente la cocina, algo que siempre me apasiono pero que hasta entonces había estado limitado a los pocos sabores e ingredientes con los que generalmente cocinaba.

Para el casamiento hicimos toda la comida nosotros :)

Tomamos la decisión de dejar nuestros trabajos en Australia y tomarnos un año para recorrer Nueva Zelanda, trabajando a cambio del alojamiento y la comida en distintos establecimientos productivos. De esta forma, podíamos acercarnos a esa pasión emergente por la producción y la elaboración de los alimentos. A su vez, lugares tan cosmopolitas y ajenos como Australia o Nueva Zelanda, nos abrieron los paladares a nuevos sabores y etnias culinarias; pudimos probar muchas cocinas asiáticas y nos volvimos fanáticos de la comida india.

Estuvimos en todo tipo de lugares, desde tambos y viñedos hasta campos orgánicos y biodinámicos. Fue un año de muchísimo aprendizaje que nos sirvió para abrir los ojos y tomar conciencia. Conciencia del origen de los alimentos que consumimos y del impacto social y medioambiental que genera nuestra dieta.


Fueron tiempos hermosos, conocimos diferentes culturas y costumbres, dormimos en muchísimas camas, cuidamos un montón de cuadrúpedos y finalmente tomamos la decisión de dejar Oceanía para buscar nuestro propio Rancho en Uruguay en Febrero del 2017.

Esta foto es de cuando nos toco cuidar a Mackintosh (el perro de la foto), Macy y unas diez vacas en un viñedo pequeño en un pueblo que se llama Blenheim

¿Por qué Uruguay?

Ambos habíamos venido en distintas oportunidades a Uruguay como turistas, pero sinceramente ninguno de los dos conocía bien el país ni su gente. Fue viajando que conocimos muchos uruguayos que sentían una pasión por su país que como argentinos desconocíamos. Todos hablaban de Uruguay como 'mi país', con un orgullo que nos generaba entusiasmo e intriga. Buscábamos establecernos más cerca de nuestras familias y amigos, pero no queríamos volver a Buenos Aires y por el momento tampoco a Argentina. Fue así como decidimos darnos la oportunidad de conocer Uruguay y ver si era el lugar indicado para nosotros.

Llegamos en Febrero de 2017 con un par de valijas y salimos a recorrer y conocer Uruguay. Tanto a Pedro como a mí nos encanta el paisaje de sierras y buscando oportunidades de chacras en las sierras dimos con el Rancho. Fue amor a primera vista, los dos sentimos algo muy fuerte en el lugar y decidimos quedarnos ahí. Instalamos la carpa y pasamos siete meses viviendo en carpa mientras se construía nuestra casita.


No fue algo planeado, fue algo que simplemente sucedió y que lo dejamos ser. Claramente necesitábamos aún más transformación y era la naturaleza quien se iba a encargar de enseñarnos ahora.


Fueron 7 meses de aprender a vivir en el monte en sintonía con la naturaleza. Teníamos un gazebo que fue pasando por distintas etapas hasta que logramos que fuera un refugio adecuado - aunque siempre alguna tormenta se encargaba de complicarnos la vida.





Nos pasábamos el día simplemente viviendo, enfrentando lo que iba sucediendo a medida que se presentaba. Habíamos dejado ir todas las comodidades a las que estábamos acostumbrados y nos sentíamos más libres que nunca. Las duchas calentitas se habían transformado en baldes de agua de lluvia a la intemperie; la cocina en un pequeño anafe que aún conservamos para acampar o directamente en un fuego a leña; las heladeras eran conservadoras que mantenían el frío por tan solo dos días (era invierno, lo cual jugaba a favor para esto pero en contra para todo lo demás); y la calefacción en una quematutti sagrada que nos prestó un vecino y que nos llevaba 30 minutos calentar con el frío del amanecer. Pasamos días de mucho frío, días de lluvias y tormentas eléctricas, pero también pasamos días de calor, de muchas risas y aventuras, días de revelaciones de la naturaleza que nos dejaban atónitos y por sobretodo días de mucho amor. Estábamos cumpliendo un sueño, estábamos construyendo los cimientos de Rancho Kiaora.

Esta experiencia fue una de las cosas más lindas que me ha tocado vivir, salir de nuestra zona de confort nos permitió flexibilizarnos, conocernos más aun como seres humanos que somos y reconocernos parte de la naturaleza misma. Elegir el cambio fue el motor que nos fue llevando a pensar, hacer y comer diferente. Y lo queremos compartir con más gente. Porque se trata de algo tan simple y tan grande como elegir el cambio que nos lleva a estar mejor.

A nosotros ese cambio nos llevó a tener nuestra chacra donde día a día aprendemos más sobre cómo trabajar en conjunto con la naturaleza para alcanzar la soberanía alimentaria y también nos llevó a emprender con una línea de alimentos veganos y libres de gluten a comienzos del 2018. Ninguno de los dos imaginaba que íbamos a estar produciendo y elaborando alimentos, pero fue un camino que se fue dando naturalmente. Habíamos comenzado a hacer envasados para nosotros mismos y al compartirlos con amigos nos incentivaron a que vendiéramos lo que cocinábamos. Así fue como en Enero del 2018 empezamos a vender varios de los alimentos que elaborábamos.



Hoy en día comercializamos pate de aceitunas verdes, pate de aceitunas negras, Gomasio integral, Gomasio negro y Rawmesano. Pueden conocer todo sobre ellos haciendo click en los nombres recién mencionados o también en nuestro Instagram @ranchokiaora. Elaboramos en Maldonado y nos llevamos los residuos orgánicos que generamos al

Rancho, que queda a unos pocos kilometros de Aiguá, donde nos sirven de insumo para hacer compost que luego utilizamos en las huertas que estamos armando. Hacia fines del 2018, lanzamos también nuestro blog y recetario online donde buscamos compartir lo que vamos aprendiendo en el Rancho. Yo cada día soy más fanática de la cocina y Pedro del compostaje y queremos poder compartir lo que aprendemos con más personas para que puedan implementarlo en sus casas y así obtener dos beneficios: una huerta orgánica con comidas sanas y deliciosas impactando positivamente en nuestro medio ambiente.

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